...aunque vivas con un extraterrestre, los vecinos serán siempre más raros...

jueves, 15 de mayo de 2014

ADIOS CORAZÓN DEMENTE




Lo llevamos al hospital, se quedó internado un par de semanas
hasta que lo fui a buscar
y lo acompañé a su
guarida.
El resultado estaba puesto
así y todo
mientras lo llevaba en mi auto
y el sol nos daba en la cara
remontando la avenida Rivadavia
le dije a Dios o al que estuviera ocupando su lugar:
“esta te la gané, es mía, aunque la guerra sea tuya”.
Pasaron 15 días y hubo que internarlo nuevamente.
No salió nunca más.
La dialéctica hospitalaria lo atrapó.
Cada vez más flaco
más confuso.
Pasé una noche en el hospital cuidándolo,
meaba cada 20 minutos en el papagayo
es raro ver mear a un amigo en un papagayo
es más raro ayudarlo a que lo haga.
Le pasaba una gasa húmeda por la cara
y le daba de comer en la boca.
Es raro darle de comer en la boca al campeón ligero de todos los poetas.
A mitad de la noche se quería ir
-estaba intervenido por tubitos y sueros
flaco como una momia egipcia-
y entonces el campeón anémico de todos los poetas me decía:
“vámonos de acá viejo, ¿qué estamos esperando?”
y lo trataba de tranquilizar
como si yo mismo fuera cómplice de un crimen.
Mientras transcurría la noche
me confundió con mucha gente
un tío torpe de la infancia
un carnicero famoso allá en el Boedo de la década del 60
un buscapleitos
y hasta con una señorita anterior a casi todo
yo le decía que era Lhooner
el mismo de siempre
-aunque eso sonara imposible-
y él parecía optar por la presencia de la señorita
y yo pensaba, bueno: una señorita que de la mano te lleve hasta el puerto de Caronte.
Y el viejo que orinaba otra vez
y entonces
me volvía a reconocer.
El amanecer nos encontró sin saber bien quiénes éramos.
Solamente nos diferenciaba esto: yo volvería a casa y él ya no.

22-5-2013