Desde la
otra punta del pasillo
una chica
empuja la silla
de ruedas.
Carga a un
viejo
que
–apuntando con el índice-
le señala
el
rumbo.
Con señas
-un capitán sordomudo-
le ordena
detenerse
frente a la
puerta
del
servicio de gastroenterología.
Cierra el
puño y hace una mímica
y entonces
la chica
golpea.
El viejo se
maneja con el convencimiento
-seguridad,
certeza-
que sólo
puede concederle una
enfermedad
(tiene el
aspecto de un tuberculoso
que
atravesó
– en silla
de ruedas-
la edad media
para llegar hasta acá).
Sale un
médico y la chica le dice algo.
Parece que
se equivocaron
de puerta
de piso
de planeta.
Lhooner
10-9-14