Recuerdo cuando éramos locales
en
cualquier lugar del
mundo
persiguiendo
la vendimia
pronosticando
resultados a favor
más allá
de la gran quemazón
de pastos estatales
y el humo
negro que nos perseguía como si fuera una patrulla.
Cruzábamos
las granjas
y los
tambos
-pasillos
del planeta-
donde el
destino
era un río
que empezaba en vos y terminaba en mí.
Los
impuestos
nos
llegaban con rebaja
como si nos
subsidiara nuestro amor
esta
aventura
de conejos
locos
y un atardecer
municipal.
Eso que ven
ahí somos nosotros:
saludando
desde el patio
de una
casita
simple
-crédito
del banco hipotecario-
en Marte.
Luis
Lhooner 28-11-11